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-Bonito día, ¿No te parece?
-Déjame ir o mátame ya...
-¡Oh, Cómo adoro estos momentos! voy a repetir el procedimiento de siempre, las palabras que nadie quiere escuchar: ¿Te han dicho muchas cosas malas de mi verdad? ¿Qué es peor morir quemado, o matar a tus propios padres que someterte a mis torturas verdad? Pues quítatelas de la memoria, yo no soy de esos… ¡Fíjate bien! Soy tan sumamente bueno, que aun que me confieses tus peores fechorías, y me supliques hasta agonizar, te mataré, tras dos o tres días de martirio solo para ahorrarte el dinero del psicólogo.
- Pero… yo he oído que dejaste a una persona con vida, de una chica, para ser concreta ¿No es cierto? Porque no puedo correr yo la misma suerte-
-….- No contestó, realmente, la afirmación le había pillado por sorpresa, había subestimado a Megan.
-Mónica, oh dulce Mónica, chica de ojos azules que te quedaste sin color...- canturreo a media voz, y desafinando.
- Cállate zorra, pobre ignorante, ella nunca callo en mis garras…- la abofeteó y lo que nadie pensó que ocurriese, ocurrió, lloró, una débil lagrima broto, y se precipito alrededor de sus mejillas- Fue un fallo, yo no quería…
Megan, absorta ante semejante panorama, decidió callarse, era lo mejor, de esta no podría salir con vida, pero utilizar a Mónica sería su venganza para lo que estaba apunto de hacer con ella.
Se estremeció, le gustaba lo que hacia, ¡oh!, ¡claro que si!
Se relamía mientras preparaba los instrumentos de tortura, como de costumbre tan sumamente bien afilados. Los colocaba meticulosamente sobre la impecable mesa blanca, en una vieja fábrica olvidada en un polígono industrial abandonado, la cual, utilizaba de matadero.
Sentada sobre una carcomida silla de madera, amordazada de pies y manos Megan sudaba. Se podían notar unas delicadas perlas diminutas, brillantes como diamantes sobre su piel , a la altura del pecho.
El aire era denso.
Una áurea fría y misteriosa cubría el cuerpo de Christian, una especie de escudo difícil de traspasar.
Uno, dos, tres golpes…Había perdido ya la cuenta y creo que también la conciencia, solo podía pensar en Mónica y lo que había hecho por Tonner.
Nadie sabia la verdad sobre porque Mónica había sido asesinada, inclusive Tonner. Parece ser que la orden venía de arriba, nadie sabía de donde ni de quien, pero las sospechas apuntaba a Cammer.
Era un hombre rechoncho, una vieja gloria de finanzas olvidada, que lo perdió todo por ella, tosco y con una risa estrepitosa que lograba que cualquiera se tapase cono acto-reflejo los oídos. Su madre había muerto cinco años atrás y él era el heredero de la industria de pepinillos más importante del país. Así que decidió venderla, incapaz de mantenerla ni dirigirla y la gran suma de millones obtenidos los invirtió en bolsa. Luego se hundió, ahogándose en un pozo sin fondo, muriendo a cada segundo de su miserable existencia, pero nadie sabía porque, excepto Mónica.
Se estremeció al pensarlo, pero otro golpe la despertó del trance.
-Fue Cammer, no tengo nada que ver- susurró.
-No deberías de mentir en tus últimos momentos, a lo mejor tienes la suerte de ir al cielo- y acto seguido soltó una fuerte carcajada tan amarga con la misma muerte.
-Ella te amaba- susurro en su último hálito antes de perder la conciencia por otro golpe.
Qué bien que tengas tiempo para actualizar a pesar de los exámenes ;)
ResponderEliminarGenial el capítulo, me ha encantado!
jjajaja porque esto ya lo tenia escrito juan, y ya no me queda más, el miércoles empezaré a publicar si me da la inspiración:)
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